El Oro

El Oro es una de las poblaciones que ostenta con más ejemplaridad la riqueza arquitectónica de una villa que vivió épocas de bonanza gracias a sus minas de oro, plata y zinc. El Oro creció de manera inesperada gracias a la fama de sus minas como La Esperanza, El Consuelo o La Providencia.

Un recorrido por sus calles pintorescas de suelos empedrados nos lleva al tradicional Jardín Madero. En él se puede ver el árbol del Bicentenario, sembrado en el año 2010. Un lugar imperdible es la Capilla de Santa María de Guadalupe, con un atrio cerrado lleno de rosas, en cuyo centro aparece una escultura de Jesucristo.

El Teatro Juárez es un auténtico tesoro arquitectónico. Con notables motivos neoclásicos franceses, este edificio abrió sus puertas en 1907 para ser el escenario perfecto de grandes zarzuelas y óperas. Se sabe que se trata de la única construcción de corte isabelino que existe en nuestro país. Los domingos se proyectan en este lugar videos musicales y conciertos que pueden disfrutarse de manera gratuita.  

 El Palacio Municipal es una construcción blanca con elevados torreones, edificada en los albores del siglo XX. En la entrada del Palacio Municipal de El Oro se puede contemplar un admirable mural titulado “El Génesis de El Oro” realizado por Manuel D’Rugama, en donde se muestra un panorama de este pueblo hace un siglo: el contraste entre una elegante clase potentada, por un lado, y los rudos y esforzados mineros por otro. Ambos edificios brillan por la exquisita decoración, pues pertenecen al estilo Art Nouveau y al estilo Neoclásico inglés y francés.  

 La pintoresca estación de trenes, inaugurada en 1889, y el Museo de la Minería preservan memorias fotográficas de este pueblo en su época de esplendor.

 Otro lugar imperdible para quien recorra El Oro es el Museo de la Minería del Estado de México, mismo que forma parte del Instituto de Cultura de la entidad.

Allí se brinda valiosa información acerca de la historia minera de este pueblo y además una exhibición geológica que incluye los distintos minerales que se extraían del lugar. El museo también incluye una sala de exposiciones temporales con valiosas pinturas y un formidable tiro, desde donde los visitantes pueden asomarse para observar las entrañas de la tierra. 

PRESA BROCKMAN

Este lugar de gran belleza natural invita al esparcimiento y es perfecto para actividades de turismo ecológico como: campismo, ciclismo, esquí, canotaje, etc.

Se encuentra a 15 minutos de Tlalpujahua y pertenece tanto a este municipio como al de El Oro, Estado de México. 

Tlalpujahua, Michoacán

Tlalpujahua es un monumento, mezcla de la historia con la naturaleza y el tiempo.

Su nombre se forma de las palabras de origen náhuatl “Tlalli” (tierra) y “Poxohuac” (cosa esponjosa) que juntas se pueden interpretar como “Hermosa y rica región en las montañas”.

Este lugar se cimienta bajo un pasado prehispánico que sigue conservando algunos rasgos. Sus primeros pobladores eran indígenas mazahuas o mazahuatl. Cuenta la historia que antes de la llegada de los españoles este pueblo fue un punto de conflicto ya que se encuentra situado en medio de lo que fueron dos imperios: el Tarasco y el Azteca.

Después de la conquista se descubrieron vetas de oro y plata, lo que transformó la vida tranquila del lugar en pueblo minero.

Tlalpujahua ha sido escenario de hechos históricos relevantes. Ahí nació el insurgente Ignacio López Rayón que jugó un papel importante en la Independencia junto con el cura Miguel Hidalgo. El ahora museo López Rayón fue la casa donde creció y vivió con su familia.

Tlalpujahua fue nombrado “Pueblo Mágico” el 27 de junio de 2005 por su acogedor aspecto actual, que durante más de 3 siglos fue sitio de bonanza minera con vetas de oro y plata. Es un lugar que engloba historia, una bella arquitectura, tradiciones culturales, artísticas, artesanales y gastronómicas. 

Destaca la habilidad de los artesanos de Tlalpujahua con el vidrio soplado (técnica utilizada para modelar esferas navideñas), así como con el arte plumario y la cantera.

En un recorrido por Tlalpujahua podemos caminar por sus calles empedradas, callejones, plazoletas y conocer su historia y tradiciones, admirar su arquitectura, saborear el encanto de su cocina típica, así como la hospitalidad de su gente. 

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